El ajo es consumido desde épocas antiquísimas. Durante el mercantilismo, los viajeros aventureros no olvidaban nunca llevar consigo una buena cantidad de ristras en sus largos viajes por tierra y por mar.
Existen numerosas anécdotas sobre las virtudes del ajo. Una de ellas cuenta que en 1721 una epidemia de peste asoló a la ciudad de Marsella y que sólo cuatro delincuentes lograron sobrevivir. La razón, se dijo, se debía a la maceración de ajos en vinagre que los bandidos bebían diariamente.
A partir de ese momento la saludable bebida fue conocida como el "vinagre de los cuatro ladrones".